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¡DATOS ACTUALIZADOS!

 

PREPARANDO EL VIAJE

   

    Preparar un largo viaje resulta tan apasionante como disfrutarlo en vivo y en directo. Después de ha­ber estado varios años re­corriendo Europa, no nos cabe ninguna duda de que el éxito se gesta en una librería especializada y solicitando documentación a la Oficina de Tu­rismo del país de destino. La infor­mación es esencial para planear la ruta y las actividades que realiza­remos si pretendemos aprovechar a tope el siempre escaso tiempo de vacaciones. Además, ésa es la mejor base para improvisar con acierto durante el viaje, si es menester... ¡y casi siempre suele serlo!

 

 Lee más aquí sobre cómo preparar bien a fondo un viaje por libre.

 

    Nota actual: Es evidente que tanto las guías turísticas como la demanda de información sigue siendo algo totalmente vigente en plena “era de internet”, pero no es menos cierto que la red de redes ha simplificado sobremanera la tarea de recopilar información. De todas maneras tiene su gracia recordar “como nos buscábamos la vida” cuando hacía falta. Y una o varias guías turísticas siguen siendo tan valiosas como antaño.

 

    Dinamarca era nuestro objeti­vo para el verano 99. La Oficina de Turismo Danesa nos remitió una su­cinta guía de campings, un folleto general sobre el país, un plano de Copenhague -donde vienen los campings señalados- y un mapa de Dinamarca con reseñas de las principales atracciones y líneas de ferries. Aunque no estaba mal pa­ra empezar, esta documentación no se distinguía por ser muy es­pléndida que digamos. No obstante, no hay que preocuparse: una vez allí, en las oficinas de turismo locales se en­cuentra generalmente información a raudales; en particular, la exce­lente guía de campings a todo co­lor “DK-Camp”.

 

   Actualmente lo tenemos más fácil para consultar esa guía, pues “nos la llevan a casa” gracias a www.dk-camp.dk - La guía ACSI es otra excelente herramienta para encontrar camping: www.eurocampings.es

 

FICHA TÉCNICA DEL VIAJE

Agosto/Septiembre 1999 (datos turísticos actualizados en 2011)

Duración del viaje: 18 días y medio.

Kilometraje total: 7.984

Relato publicado en "El Camping y su Mundo" 146 y 147 - (Abril-Mayo 2000)

         A pesar del tiempo transcurrido desde la realización del viaje, se ha actualizado toda la información susceptible de ser puesta al día, por lo que su contenido mantiene, en la medida de nuestras posibilidades, su plena vigencia.

  Hacemos también constar que la información práctica que se facilita en el relato se hace a título personal, con la intención de que pueda resultar lo más útil y ajustada posible. No obstante recomendamos que, en evitación de sorpresas y contratiempos, antes de emprender el viaje, confirméis los horarios, precios, y demás datos susceptibles de variación o modificación. ¡Y buen viaje! 

RUTÓMETRO

FECHA

ETAPA

KM./DÍA

Viernes, 20 agosto ‘99

Valladolid-Lekunberri (Navarra)

331

Sábado,21 agosto

Lekunberri-Étampes (Francia)

840

Domingo, 22 agosto

Étampes-Aachen-Aquisgran (Alemania)

573

Lunes, 23 de agosto

Aquisgran-Nyborg (Dinamarca)

810

Martes, 24 de agosto

Isla de Fionia y Langeland

230

Miércoles, 25 de agosto

Nyborg-Charlottenlund (Copenhague)

150

Jueves, 26 de agosto

Alrededores de Copenhague

223

Viernes, 27 de agosto

Copenhague

0

Sábado, 28 de agosto

Copenhague-Koge-Ringsted-Naestved­.

Isla de Mon-Copenhague

356

Domingo, 29 de agosto

Traslado de Charlottenlund a Vejle (Jutlandia)

Vejle-Jelling-Legoland-Vejle

251 + 90

Lunes, 30 de agosto

Vejle-Aarhus-Región de los Lagos- Legoland-Vejle

264

Martes, 31 de agosto

Vejle-Skagen (norte de Dinamarca)-Vejle

630

Miércoles, 1 de sept.

Traslado Vejle-Lundtoft.

Ribe-Tonder-Mogeltonder

106 + 179

Jueves, 2 de sept.

Traslado Lundtoft (Dinamarca)-Hamburgo (Alemania). Hamburgo-Lübeck-Hamburgo

177 + 172

Viernes, 3 de sept.

Hamburgo y Lüneburg

145

Sábado, 4 de sept.

Hamburgo-Mons (Bélgica)-Péronne (Francia)

787

Domingo, 5 de sept.

Péronne-Lissac sur Couze

656

Lunes, 6 de sept.

Ruta «Pueblos más bonitos de Francia»

207

Martes, 7 de sept.

Lissac (Francia)-Valladolid

807

 

TOTAL

7.984

 

 

HACIENDO AMIGOS A TRAVÉS DE “EL CAMPING Y SU MUNDO”

    Aunque las guías turísticas fue­ron decisivas para definir el plan del viaje, la "guinda del pastel” la puso nuestro buen amigo Pepe Claudio, de Castellón de la Plana, quien había estado en Dinamarca dos años atrás y gentilmente nos pasó su documentación. Por cierto, nues­tra amistad comenzó a través de la revista “EL CAMPING Y SU MUNDO”, a raíz de la publicación de nuestro viaje a Gran Bretaña.

 

 

Y PUSIMOS RUMBO A LA TIERRA DE LOS VIKINGOS.

 

    Con la caravana y mucha ilu­sión partimos de Valladolid el vier­nes 20 de agosto, por la tarde, con idea de pernoctar en el camping Aralar, de Lekunberri (Navarra), etapa ya tradicional en los últimos años. Para llegar a la frontera nos gusta la ruta navarra, que trancurre por las autovías A-240 y A-15, sin peajes, con poco tráfico y paisaje atractivo. El inconveniente de la A­15 es que, al tratarse de una auto­pista de montaña, tiene largas cuestas de un 6 por 100 de desni­vel (en sentido San Sebastián-Pam­plona), que representan una difi­cultad considerable si las fuerzas para remolcar van justas.

 

 

Saliendo del camping "Aralar"

 

   Nota actual: En aquellos “buenos viejos tiempos” todavía no estaba terminada la autovía A-1, entre Armiñón y San Sebastián, ni mucho menos el tramo de peaje de la AP-1 entre Vitoria y Eibar. Como tampoco habíamos adoptado la actual costumbre de “alargar el viaje” y pernoctar en el área de Bordeaux-Cestas. Todavía esas cosas nos daban algo de reparo en aquellos años. Pincha aquí y conoce la mejor ruta para llegar al norte de Francia viajando rápido, pero gastando lo menos posible en peajes.

 

    Llegar a Burdeos, a 600 km. de distancia de Valladolid, tiene varias ventajas: la primera es que se gana un tiempo precioso, pues en una misma tarde, en vez de recorrer sólo 330 km. hasta Lekunberri, hacemos casi el doble. Habiendo cenado en el área de Bidart o en la de Urrugne, nada más cruzar la frontera, la hora de llegada a Burdeos suele estar entre la medianoche y las doce y media.

 

   La segunda ventaja, que va asociada a la anterior, es que, al poder salir muy temprano, nos sacudimos de un plumazo los importantes atascos que se forman tanto en la frontera y los 3 peajes de la autopista francesa, como en la “rocade” (circunvalación) de Burdeos durante las mañanas y tardes de verano. Pero volvamos al relato original, tal y como fue publicado en su día...

 

     Las autopistas francesas, por fin, se han dignado a rebajar el re­cargo del 50 por 100 a las carava­nas (de momento, y sólo de martes a jueves, en temporada estival , y con diferentes descuentos según las concesionarias). La vasco-fran­cesa, por ejemplo, lo ha eliminado totalmente, mientras que en la A­ 71 la rebaja es sólo del 30 por 100. En cualquier caso, es una buena noticia que deseamos culmine en la total eliminación de ese recargo que recuerda a la nasa por desgas­te de patio del colegio» de las pa­rodias de Gila.

 

    Nota actual: Lamentablemente nuestro deseo no sólo no se cumplió sino que ha empeorado con el tiempo. Desde hace ya bastantes años la norma de los peajes franceses se modificó y ahora todo vehículo que mida más de dos metros de altura está considerado como “Clase 2” y sufre un recargo de un 50% sobre la tarifa normal las 24 h. del día, los 365 días del año. si quieres saber más sobre peajes de autopista en francia en particular o en europa, pincha aquí.

   

    Y volvamos al relato original...

    Como el año anterior habíamos encontrado un tremendo atasco de 50 km en Burdeos al pasar por allí al mediodía, esta vez decidi­mos probar una nueva ruta que evitara esa ciudad y optamos por descubrir la vía Mont de Marsan, Marmande, Bergerac, Périgueux, Limoges; enlazando allí con la au­tovía A-20, hasta Vierzon; se sigue por la autopista de peaje A 71. En Artenay, pasado Orléans, toma­mos la N-20 hasta Étampes, a las afueras de París. Ese tramo es au­tovía, excepto los primeros kiló­metros, que son de carretera recta y despejada.

 

    Ya suponíamos que esa ruta sería bastante más lenta, pero el resultado fue más agridulce de los esperado. Desde la autopista vas­co-francesa a Mont de Marsan, la autovía es gratuita y hasta Marmande se circula con relativa rapi­dez, aunque haya que cruzar va­rios pueblos. Hasta ahí, todo bien.

 

    Sin embargo, las retenciones de media hora en Marmande y Berge­rac echaron por tierra el buen pro­medio. Además, el tramo entre Bergerac y Limoges, por carretera, es bastante enrevesado. Bien mirado, si ésta no resulta una alternativa suficien­temente ágil a París, al menos el paisaje compensa, porque se cru­za el Périgord, una de las regiones más hermosas de Francia. Si queréis conocer mucho mejor una región tan maravillosa como el Périgord, pincha aquí.

 

    Nota actual: Afortunadamente esos “experimentos” ya han pasado a la historia hace años y hoy en día la ruta a París está más que definida y decidida. Hemos hablado ya de la mejor ruta para llegar a París desde la frontera de Irún, incluida en el apartado “Las mejores rutas para cruzar Francia”, Y si queréis ahorrar también unos euros en las gasolineras francesas, pinchad aquí.

 

VISITAS TURÍSTICAS CAMINO DE PARÍS

 

    A fin de que el trayecto a Étam­pes se nos hiciera más llevadero, nos detuvimos en St. Jean de Côle, situado entre Périgueux y Limo­ges, perteneciente a la «Asociación de los Pueblos más bonitos de Es­paña». Es una aldea diminuta. Sus principales atractivos son su igle­sia y el castillo medieval de La Marthonie. Dispone de un aparca­miento apto para caravanas en la entrada del pueblo.

 

   Para llegar al camping “Le Vaubert” toma­mos la salida de “Étampes-Centro Comercial” y enseguida se ven las señales de camping. Se ubica a 2 km de Ormoy sur la Riviére. No es gran cosa, pe­ro está siempre abierto, lo que conlleva la ventaja de poder salir temprano sin necesidad de espe­rar a que abran la puerta o la ba­rrera. La recepción se encuentra en la cafetería; hay que prestar atención para encontrar la entrada, que no es fácil de ver.

 

   Nota actual: La última vez que pernoctamos en ese camping fue en el verano de 2007, regresando de Berlín. La novedad es que ahora hay instalada una barrera, no obstante han habilitado 4 parcelas situadas antes de la barrera para facilitar las llegadas tardías. Hay guarda de noche, pero hay que pagar en recepción a la mañana siguiente. Y no abren hasta las 8,30 h. así que si hay idea de salir antes de esa hora, quizás habría que buscar otra alternativa.

 

 

PROBLEMAS CON UNA GASOLINA INFAME.

 

   En mala hora repostamos ga­solina “Sin plomo 95” en el super­mercado Stoc de Bergerac. No sa­bemos qué clase de bazofia nos echaron, pero el coche «picó biela» nada más salir del surtidor, perdió po­tencia a raudales y, para colmo, el consumo se disparó. El viento frontal tampoco ayudó lo más mí­nimo. Hasta que el depósito no se vació lo suficiente y pudimos re­postar con gasolina de calidad no se arregló el desaguisado.

 

    Aunque nunca habíamos tenido problemas de ese tipo, desde ese momento sólo repostamos en gasolineras de marca. A la vuelta, sin embargo, intentamos echar «Sin Plomo 98 en los supermercados Intermaché y no hubo más problemas.

 

     En Francia conviene tener en cuenta dos cuestiones acerca del combustible: las diferencias de precio entre surtidores pueden ser muy abultadas (hasta las 25-30 ptas / litro), las autopistas tienen los precios más elevados (la “Sú­per” alcanza las 180 ptas o más) y los supermercados, los más bajos.

 

    Además, en los años que nosotros llevamos pasando por Francia, nunca hemos logrado que los sur­tidores automáticos de 24 horas nos acepten las tarjetas de crédito, a pesar de proporcionar el código correcto y de haberlo intentado con varias; sin embargo, no hay problema cuando se abona el im­porte con la tarjeta en la caja de la misma gasolinera; hasta ahora, nadie nos ha dado una explicación convincente, porque la misma cla­ve sí funciona, por ejemplo, en los cajeros automáticos.

 

   Nota actual: Desde aquella infausta experiencia, hace más de una década, lo cierto es que nunca hemos vuelto a tener problemas con los reportajes. Y ya sabemos qué pasa con las tarjetas de crédito… ¡necesitan el chip” que ya empieza a popularizarse en nuestro país. Con el chip en la tarjeta ahora podemos repostar sin problemas en los surtidores automáticos.

 

    Si quieres saber más sobre la situación actual de dónde y cómo repostar barato en Francia, pincha aquí.

 

AQUISGRÁN, CIUDAD IMPERIAL DE CARLOMAGNO Y EL CAMPING FANTASMA.

 

     El domingo 22 nos dirigimos a Aquisgrán-Aachen (Alemania), la ciudad imperial de Carlomagno, con idea de visitarla por la tarde, acampando en el camping situado en el mismo casco urbano.

 

   Cruzamos París sin dificultad, ya que habitualmente lo atravesamos en domingo y a pri­mera hora de la mañana. Para llegar a Bélgica fuimos por la N­17, paralela a la autopista de pea­je, que ya conocíamos de otros viajes. Es muy recta y, como los domingos temprano va práctica­mente vacía, es una buena alternativa a la autopista. Como indi­cación, obtuvimos en ese tramo un promedio real de 75 km/h. 

 

    No obstante, sólo interesa en tales condiciones, porque después el tráfico aumenta mucho. Para tomarla es mejor seguir la autopista A-1 y en Senlis, la N-17. Llegamos a Péronne y nos desviamos a la autopista de peaje A 16, vía Valen­ciennes, hasta la frontera belga. Es mucho mejor que Bélgica, Alemania y Dinamarca no cobren por usar sus autopistas.

 

    Nota actual: A día de hoy la opción de ir por la N17 sólo sería válida si no hubiera prisa y nada más, salvo ganas de ver algunos pueblos del trayecto. El tráfico actual no tiene nada que ver con el de hace años, así que la autopista A1 es la opción recomendable 100% salvo casos contados.

 


    Llegamos a Aquisgrán-Aachen a las 13,30 h, donde nos esperaba la primera gran anécdota del viaje. Gracias al plano de la ciudad pudimos acercar­nos sin dificultad hasta el lugar donde se suponía que estaba el camping, pe­ro lo cierto es que éste se había es­fumado, desaparecido. Allí sólo había un parque. Quizás nunca existió y todo se debiera a que pusieron el símbolo de camping en el plano donde no debían, porque o mucho había cambiado el paisaje o creemos que nunca hubo allí un camping.

 

     El caso es que había que salir del apuro y preguntamos sobre el tema a un taxista --que resultó ser turco y sólo hablaba alemán-, quien, mal que bien, nos hizo en­tender que en Aachen no había ningún camping. El más próximo estaba en Kelmis, a unos 10 km y el taxista se ofreció a guiarnos con su vehículo. Como no teníamos ni idea de dónde estaba, la proposición nos pareció aceptable, dada la hora que era y las ganas de llegar, pero, en cuan­to vimos los primeros indicadores del camping, decidimos despacharle, no fuera a dejarnos el bolsillo temblando a las primeras de cambio. Y no fue mala idea, porque en un par de ki­lómetros el taxímetro ya marcaba 1.600 pesetas al cambio; aunque, al menos, nos dejó en el buen ca­mino, o eso pensábamos...

 

    Llegamos rápidamente a Kel­mis, pueblo situado en territorio belga, junto a la frontera. Al no ver indicadores, preguntamos por él camping a una amable abuelita, quien nos dijo -en fran­cés, menos mal- que en el pue­blo ni había un camping ni lo ha­bía habido nunca, pero que en Astenet, a 5 kilómetros, había uno. Sin ha­bernos repuesto todavía del susto, todavía nos esperaban nuevas sorpresas...

 

    A poca distancia del desvío a Aste­net, ¡la carretera estaba cortada por la celebración de una cabalgata floral! Increíble. Un policía nos ad­virtió que había que dar un gran rodeo para llegar al camping y no se equivocó lo más mínimo, por­que, al brillar por su ausencia la señalización, nos hartamos de dar vueltas y más vueltas por las Arde­nas antes de encontrarlo.

 

    El camping en cuestión se llamaba “Hammerbrücke” y no desentonaba nada con la dudosa calidad gene­ral de los campings belgas, que ya conocíamos del año anterior. Leer el relato del viaje a Bélgica y Luxemburgo.  Para colmo, la recepción se hallaba ce­rrada y los dueños no estaban. Nos atendió un anciano campista que ejercía de encargado y que sólo hablaba alemán. A base de buena voluntad y bastante mímica, al fin logramos desenganchar la carava­na -empezábamos a dudarlo-, rumiando qué habríamos hecho para merecer aquello.

 

    El surrealista episodio del camping desaparecido nos per­mite ahora, al fin y al cabo, con­tar “batallitas”, aunque en su mo­mento, y como colofón a tanto des­propósito y contratiempo, finalmente no pudimos ver el «tesoro de Carlo­magno», en la catedral de Aquis­grán/Aachen, porque llegamos tarde, como no podía ser de otra manera. La catedral es famosa por haber sido el lugar donde fueron coronados los emperadores del Sacro Impe­rio Romano-Germánico. No obs­tante, pudimos visitar el inte­rior-de estilo bizantino- y pa­sear por el casco antiguo, en el que destaca su interesante ayun­tamiento gótico.

 

 

   

El Dom de Aquisgrán

 

Junto a la fuente...

 

    Nota actual: Unos años más tarde nos pudimos quitar la espinita de la Catedral de Carlomagno. Rodeados de ambiente navideño y mercadillos alucinantes, al fin vimos el trono del emperador, en vivo y en directo.  Lee más sobre Aquisgrán en el relato del viaje a Bélgica y Holanda en navidad.

 

 

Y DINAMARCA NOS ESPERABA...

 

    El lunes, a las siete de la maña­na, empezó el asalto final a Dina­marca, todavía con 830 kilómetros por de­lante, hasta Nyborg.

 

    Todo el tra­yecto discurrió por la autopista, atravesando Alemania, con un trá­fico muy intenso. En las autopistas alemanas nos esperaba una sor­presa más. Los camiones, autoca­res y coches con remolque tienen prohibido adelantar a otros vehí­culos de 6:00 a 20:00 horas, ex­cepto los fines de semana. Se trata de una norma absurda, porque, en lugar de agilizarse el tráfico, se for­man unas colas de miedo hasta que la gente se harta y decide ade­lantar. Claro que, entonces, aun­que no se vea policía de carretera, te juegas la multa. Afortunadamen­te no pasó nada, pero está visto que en todas partes cuecen habas.

 

   Lee más sobre las limitaciones de adelantamiento en Alemania y el modo de evitar, en lo posible, sus inconvenientes...

 

    Esa era nuestra primera visita a Alemania y lo prime­ro que nos llamó la atención fue ver cochazos, descapotables y fa­miliares a porrillo. Lo segundo fue el intensísimo tráfico de las autopis­tas. A la hora de la verdad, la fa­mosa ausencia de límites genéricos de velocidad no vale de gran cosa, al menos a ciertas horas del día.

 

Hemos incluido este párrafo, redactado en 2011, con las mejores rutas para llegar al norte de Alemania y que difieren bastante de la que hicimos en su día para pisar suelo danés:

LA MEJOR RUTA PARA LLEGAR A BREMEN / HAMBURGO:

 

Nota actual (2011): Para llegar de París a Bremen, en el norte de Alemania hay actualmente dos itinerarios interesantes, que se salen un poco de lo más trillado, fruto de la apertura de algunas autovías/autopistas en Holanda y Alemania que no estaban abiertas hace unos años.

 

Desde luego hay varias alternativas para cubrir ese trayecto, pero no todas son igual de interesantes en función del vehículo que conduzcamos.

 

Si viajamos en un vehículo sin remolque, puede que nos interese aprovechar todo lo posible las autopistas alemanas, ya que genéricamente carecen de límites de velocidad y se puede circular con tranquilidad sin temor a los radares. Claro que no es oro todo lo que reluce, pues hay dos cuestiones que alteran ese teóricamente idílico panorama: uno es el tráfico que suelen llevar los grandes ejes ruteros alemanes, la A1 Colonia-Hamburgo, por ejemplo. El otro es que cada vez abundan más los tramos con limitaciones de velocidad específicas. Muchos son de 130 km/h, pero otros son inferiores. En cambio eso es menos frecuente en las autopistas menos "importantes", o sea, las que no constituyen los ejes ruteros principales

 

Con la caravana a cuestas el panorama cambia bastante, pues en todos los países existen límites específicos de velocidad para los vehículos con remolque. En las autopistas, Francia pone el límite en 130 hm/h o 110 km/h con lluvia igual que si conducimos un coche sin caravana o remolque. En Bélgica, el límite es de 120 km/h y en Alemania es de 100 km/h, pero en suelo alemán a menudo surge un problema importante para los que llevamos caravana o remolque... en muchas autopistas alemanas -total o parcialmente- entre las que se cuentan las principales, por supuesto, no se permite adelantar a los camiones, remolques e incluso autocares normalmente entre las 6-7 mañana hasta las 19-20 h. de la tarde, lo que es un tremendo fastidio, pues es fácil encontrarse detrás de un lento camión. Y no es cuestión de jugársela demasiado con la "Polizei", por si acaso. Leer más sobre las "peculiaridades alemanas", que esta no es la única...

 

Así pues, debido al increíble tráfico que soportan las principales autopistas alemanas como la A1 ó la A7 por ejemplo, los camiones, autocares y vehículos con remolque tienen prohibido el adelantamiento de 6 a 20 h, como ya hemos comentado. Esos tramos de prohibición están bien señalizados, pero a menudo son muy largos y en algunas autopistas como la de Hamburgo a la frontera danesa (A7) la prohibición es permanente. En los tramos de tres carriles es posible adelantar, pero lamentablemente éstos tampoco abundan. 

 

En consecuencia puede interesar buscar otras alternativas a través de Bélgica y Holanda que nos acorten el recorrido en suelo germano. Estas alternativas son las siguientes:

Opción A (menos recorrido en Alemania): París, Lille, Gante, Amberes, Breda, Arnhem, Apeldoorn, Hengelo, para salir a la autopista A1 alemana, cerca de Osnabruck

Opción B (más recorrido por Alemania): París, Valenciennes, Namur, Lieja, Maastricht, Venlo, Duisburg, Munster, Osnabruck.

 

La elección de una u otra opción la dejo al gusto de cada cual, pues prácticamente calcan las distancias y la diferencia en peajes es de algo más de un euro (en 2011) pero ambas merecen ser estudiadas detenidamente. La web www.viamichelin.es es la que solemos utilizar para calcular los itinerarios y la encontramos muy útil, pues facilita los importes de los peajes, entre otras muchas cosas.

Respecto a la "opción B" hay que comentar que discurre a través de Duisburg y Essen, que son zonas muy pobladas de Alemania lo que implica riesgo de tráfico intenso y también tiene más kilómetros con limitación de adelantamiento.

 

 

A partir de Osnabruck, por la A1 hasta Bremen y Hamburgo conviene armarse de paciencia porque hay limitaciones de adelantamiento en casi la totalidad del recorrido, salvo algunos tramos de tres carriles sin ella y el tráfico es tremendo. Si el destino final es la Jutlandia danesa por la A7 de Flensburg, más paciencia. El tramo entre Hamburgo y la frontera danesa es prácticamente una limitación de adelantamiento, aunque a cambio la intensidad del tráfico disminuye bastante respecto a la A1.

 

Por el contrario, si desde Hamburgo optamos por llegar a Puttgarden para coger el ferry hacia Dinamarca, ya no recuerdo cómo está el tema de las limitaciones de adelantamiento...

 

Pero volvamos al relato original...

 

LOS CAMPINGS DANESES NO SON COMO LOS BELGAS...

 

 

A puntito de entrar en Dinamarca por la A7 alemana

 

    El viaje fue tan monótono co­mo el cielo gris que nos acompañó durante todo el día. Llegamos a Nyborg, en la isla de Fionia -Fyn, en danés-, a las siete de la tarde. Conocer el “Nyborg Strandcamping” supuso la confirmación de la cali­dad de los campings daneses. Se halla cerca de la salida de la auto­pista, bien señalizado y a orillas del Báltico. Sus servicios son modéli­cos: está parcelado, tiene fregade­ros con agua caliente, cocinas para calentar comida y supermercado; las duchas son de pago (5 coronas danesas, es decir, 115 pesetas). Co­mo nadie es perfecto, las cocinas y los fregaderos se cierran con llave a las 21:30 horas, algo que resulta bastante molesto para nuestras costumbres.

 

 

El camping de Nyborg

 

   El precio fue una agra­dable sorpresa -ya iba siendo ho­ra-, pues pagamos 3.263 pesetas al día por los tres, la caravana, el coche y la luz. Este camping ha si­do el único que nos ha aceptado la tarjeta Visa en Dinamarca. Ése es un punto que debe considerarse a la hora de prever el efectivo que debe llevarse, pues en la mayoría de los campings hay que pagar en metálico cantidades importantes. Por otra parte, el idioma no consti­tuye un obstáculo, pues casi todo el mundo habla fluidamente inglés y alemán.

 

    Otro asunto que hay que tener en cuenta es que en Dinamarca los camping exigen un carné de cam­pista. A los que dispongan del Car­né Internacional de la FICC, éste les servirá, pero quienes no lo tengan tendrán que sacarse un carné danés en el primer camping donde se alojen. El pase familiar cuesta 60 DKK e incluye ciertos descuentos en ga­solineras y comercios. La acampa­da libre está prohibida.

 

 

TIERRA DE VIKINGOS, PARAÍSO DE CICLISTAS

 

    El martes 24 empezaba nuestra visita al país escandinavo, sor­prendentemente llano, tierra de vi­kingos y paraíso de ciclistas. La is­la de Fionia, de ambiente rural, es la que más nos ha gustado de la preciosa Dinamarca.

 

    Comenzamos la visita por Ny­borg. Al ser el primer pueblo da­nés que visitamos, nos cauti­vó su aire relajado y tranquilo, pe­ro con la “vidilla” de los puestos callejeros y los mercadillos. Nos recordó bastante al ambiente ho­landés. También nos chocó el sis­tema de parquímetros. En los pue­blos suelen ser gratuitos, pero con limitación del tiempo. Es necesario pedir una pegatina con una mane­cilla de reloj en la Oficina de Tu­rismo para marcar la hora de apar­camiento. En las ciudades funcio­nan con monedas. Aunque no se ven controladores, la gente es muy respetuosa con eso y con las limi­taciones de velocidad. En toda Di­namarca apenas hemos visto poli­cía; sin embargo, la sensación es de una gran seguridad ciudadana.

 

    Este sistema de aparcamiento también se utiliza en algunos pueblos alemanes y austríacos. Si no disponemos de un relojito al uso, bastará dejar un papel con la hora de llegada en el salpicadero, bien visible desde el parabrisas. Y asunto resuelto.

 

    Después nos fuimos a Ladby -cerca de Kerteminde-, a ver los restos del único enterramiento en barco vikingo existente en Escan­dinavia. Se exponen en una cáma­ra estanca, debajo de un túmulo de tierra, y aún se aprecian los esqueletos fosilizados de los caba­llos enterrados junto al jefe vikin­go, de quien ya no se distingue na­da de nada. Hay también un pequeño museo. Cierra el lunes. Y los niños menores de 15 años no pagan.

 

 

El museo. Casa típica danesa.

 

 

   

El barco vikingo enterrado

 

Interior del barco: esqueleto de un caballo

 

    A la salida, pusimos rumbo a Odense, la ciudad de Hans C. An­dersen, donde se encuentra su ca­sa natal y un museo dedicado a su vida y obra. Es una ciudad típica­mente danesa, pequeña y tranqui­la. La catedral de Sankt Knud, como el resto de las catedrales danesas, es muy diferente a las de estilo gótico que conocemos. También veremos la estatua del Soldadito de Plomo, en la calle Overgade, desde la que sale un ca­llejón con unas bonitas e intere­santes casas de madera entramada del siglo XVI.

 

 

   

Odense.

 

Odense. Casa natal de H.C. Andersen

 

 

 

ISLAS PARADISÍACAS

 

    Fionia (Fyn) es una isla que vive del campo, salpicada de granjas con techo de paja, armazón de madera y vivos colores. Un regalo para la vista.

 

 

Faaborg y la isla de Fionia (Fyn)

 

   Visitamos Faaborg, otro atracti­vo pueblo de edificios medievales de entramado de madera. De allí pasa­mos a la isla de Langeland, donde dicen que hay un dolmen de 5.000 años de antigüedad y 50 metros de longitud, el Kong Humbles Grav. (Si esperáis ver el dolmen de vuestra vida, la decepción estará asegurada, porque no pasa de ser un montículo de tierra rodeado de piedras en medio de un campo arado. No perdáis el tiempo ahí. La foto habla por sí misma...

 

 

El Dolmen "Kong Humbles Grav"

 

   Si no se encuentra muy a mano y no apetece llevarse más decep­ciones, tampoco está justificado el desplazamiento hasta los pompo­samente llamados ”Acantilados de Dovns Klint”, en el ex­tremo sur de la isla de Langeland, mal señalizados y difíciles de en­contrar. Como el país es tan llano, está visto que cualquier terraplén que supere a nada los cinco metros de al­tura -éstos no miden mucho más-, ya les parece la repera. No obstante, los amantes de las aves encontrarán ahí una reserva natural con torres de observación.

 

 

Isla de Langeland. Acantilados de Dovns

 

 

Y LLEGAMOS A COPENHAGUE, LA CAPITAL.

  

   Al día siguiente, 150 km nos se­paraban del camping de Charlot­tenlund, a 7 km de Copenhague­Kovenhavn.

 

   Para llegar a la capital -situada en la isla de Selandia (Sjelland)- cruzamos el novísimo puente del Great Belt, - Store Baelt, en danés- de 18 km de longitud en total sobre el mar Báltico, uno de los más largos del mundo, repartido en varios tramos. Unos suspendidos, otros por túnel. Es de peaje: 210 DKK para los coches y 315 DKK (aproximadamente 7.000 pesetas) para los coches con cara­vana. Se ve que el ejemplo francés tiene seguidores inesperados. Aceptan tarjetas. A la vuelta (por fortuna para nuestro bolsillo), el aparato automático no nos cobró el recargo sin que supiéramos porqué, pero no era cuestión de pa­rarse a preguntarlo...

 

   Nota actual: Pinchad en el enlace de las tarifas actuales del puente. Como veréis no son iguales para coches, que para caravanas, que para autocaravanas… www.storebaelt.dk/english

 

 

EL “CAMPING-FORTIFICADO” DE CHARLOTTENLUND

 

    En los alrededores de Copen­hague hay numerosos campings. Elegimos el de Charlottenlund por dos motivos: está muy bien comu­nicado con la capital y se encuen­tra enclavado en el interior de un antiguo fuerte costero que aún conserva las baterías de los caño­nes. Las dependencias de los anti­guos cuarteles son hoy los servi­cios del camping, hecho que nos pareció muy original. En la misma puerta hay un parque con acceso a la playa y patos que pasean entre las caravanas.

 

 

   

El camping fortificado

 

Los cañones que protegen al camping...

 

    Se encuentra a unos cinco km de la salida 17 de la autopista de Helsingor. Para llegar a Charlot­tenlund se toma la Av.Jaegersborg Allé, que en el plano aparece re­flejada en línea recta, pero en rea­lidad no es así, ya que deben se­guirse varios desvíos no muy bien señalizados y es fácil perderse. Que nadie espere encontrar nin­gún indicador del camping hasta 200 m antes del mismo. Una vez que se llega al pueblo de Charlot­tenlund, hay que seguir recto en dirección a la playa y allí, girar a la derecha, donde se ve la primera señal.

 

     Desde la recepción, el cam­ping no se vislumbra, porque está oculto por un terraplén. No se aceptan tarjetas y es obligatorio pagar por anticipado. El lugar está bien, pero para ser el más caro de todo el viaje, no es el mejor. Dispone de amplia in­formación turística, vende los pa­ses de transporte y la más que interesante «Copenhagen Card”, que también hay que pagar en efectivo. La recepción cierra a las diez de la noche, como muchos otros campings daneses. Su web es www.campingcopenhagen.dk

 

 

LA “COPENHAGEN CARD”.

  

 

    Nota actual: la web de la Copenhagen Card es la siguiente:

 http://online.citybreak.com/Search/Other/SearchOther.aspx?pdid=4525&onlineid=1459618727&culture=en

    Los datos que se ofrecen a continuación corresponden al relato original, por lo que será necesario comprobar en el enlace anterior su vigencia.

 

 

Descripción

    Si apetece conocer a fondo Co­penhague y sus amplios alrededo­res, interesará adquirir la «Copen­hagen Card”, una tarjeta indivi­dual que permite el acceso gratuito a todos los transportes pú­blicos de la zona y a más de 60 museos y atracciones en el área comprendida desde la ciudad de Koge y Roskilde hasta Helsingor, por períodos de 24, 48 ó 72 horas. Ese sistema por horas está muy bien, porque su validez comienza cuando se usa por primera vez.

 

     Cuesta (en 1999) 155, 255 y 320 DKK, res­pectivamente, para los adultos; y 75, 125 y 160 DKK, para los niños de 5 a 11 años. La verdad es que no se comprende este límite de edad, ya que en la mayoría de los museos y atracciones consideran niños a los de 14 y 15 años.

 

    En ge­neral, las tarifas infantiles de los museos y atracciones son bastante económicas. Si se viaja con perso­nas de 12 a 15 años, conviene cal­cular bien qué se piensa visitar y qué días se van a utilizar los trans­portes públicos, para ver si intere­sa o no hacerles la tarjeta de adul­to. Lo cierto es que se amortiza con rapidez. Según mis cálculos, nos hemos ahorrado unas 15.000 pesetas sobre las tarifas normales.

 

    Existen también tarjetas de transporte público para un día, que cuestan 70 DKK (1.600 ptas., aprox.) para los adultos y la mitad para niños hasta 15 años. Así que, quien piense estar en Copenhague sólo un día y sin ver museos, ésa parece la mejor elección, siempre y cuando no se quiera hacer más que el viaje de ida y vuelta, en cuyo ca­so es preferible sacar billetes sim­ples. La ciudad no es demasiado grande y se puede ver bien a pie.

 

    En la web de la oficina de turismo de la ciudad, podréis encontrar información actualizada al respecto. www.visitcopenhagen.com/

 

 

VISITANDO COPENHAGUE.

 

    Nuestro camping tenía la para­da del autobús n° 6 al centro de la capital en la misma puerta. En la recepción hay un práctico folleto con los horarios y paradas.Una vez instalados, vimos el Acuario de Dinamarca, que está a unos cientos de metros del cam­ping y al que se llega muy bien an­dando. Después, tomamos el au­tobús a Copenhague. Hacía un día espléndido para pasear...

 

    El primer día de visita a la capital, nos centramos en la zona de la plaza Kon­gens Nytorv. Recorrimos la animada Nyhavn, la zona del puerto, y visita­mos el tesoro de la corona danesa en el castillo de Rosen­borg, la fuente de Gefión, -que es­taba en obras- la archifamosa Si­renita, cuyo emplazamiento por­tuario no le hace los honores y el Museo del Ámbar.

 

 

Barco-faro en Nyhavn

 

   

    La sirenita está ubicada en una zona de rocas y hacerse una foto fue una odisea porque nos tropezamos con un autocar de chinos…

 

 

Sacar esta foto fue "un trabajo de chinos"...

    Terminamos el día en el Tívoli, el parque de atracciones más cén­trico del mundo, pues está junto al ayuntamiento. Por la noche, hay una gran animación. Más de cien mil bombillas iluminan el parque, lleno de restaurantes, espectáculos y atracciones. La entrada es gratui­ta con la “Copenhagen Card». Las atracciones se pagan individual­mente y cuestan unas 20 DKK de media (460 pesetas aproximada­mente). También existe la posibili­dad de comprar un pase ilimitado para todo el día por menos de 4.000 pesetas. www.tivoli.dk

 

 

El Tívoli, de noche.

 

    Siguiendo las recomendacio­nes de la «Guía del Trotamundos”, probamos el típico “buffet danés” en el restaurante Pilegarden, situado en la calle Pilestraede, en el número 44. El menú estaba compuesto de carnes frías, pescados mari­nados, varios platos calientes, embutidos, en­saladas, diver­sos panes, etc. Aunque no to­dos los sabores escandinavos son agradables para nuestro pa­ladar, la expe­riencia estuvo bien, con la ventaja de po­der probar y repetir lo que te ape­tezca a un precio más que mode­rado, unas 2.000 pesetas por per­sona, incluida la bebida. Además, aceptan Visa.

 

    Nota actual: El precio del buffet danés en el “Pilegarden”, en 2011, es de 80 DKK, unos 11 € al cambio. ¡Sorprendente, pues once años después el precio se ha mantenido!

 

 

EL CASTILLO DE KRONBORG, “HOGAR” DE HAMLET.

 

     Decidimos aplazar un día la si­guiente visita a Copenhague, al enterarnos de que los viernes los comercios cierran a las ocho de la tarde, en lugar de las seis de la tarde, como es habitual. Así, dispondríamos de ambientillo más tiempo antes de que la ciudad quedase desierta.

 

    El jueves lo dedi­camos a los alrededores de Co­penhague. Roskilde alberga dos grandes atracti­vos la catedral, con los panteones de la monarquía danesa, y el inte­resante Museo de los Barcos Vi­kingos, donde se exponen los res­tos milenarios de cinco embarca­ciones vikingas recuperadas del mar en 1962. http://vikingeskibsmuseet.dk/index.php?id=1246&L=1

 

 

   

Roskilde y su catedral

 

Restos de un drakkar vikingo

 

    No es tan bonito como el de Oslo, pero resulta muy conveniente visitarlo, pues al fin y al cabo… ¡estamos en zona vikinga!.

 

    A las afueras de Roskilde, en Lejre, se encuentra el Centro de in­vestigaciones Arqueológicas, don­de han reproducido un poblado neolítico para el estudio de la vida en aquella época. Ideal si viajamos con niños. www.sagnlandet.dk/ENGLISH.425.0.html

 

    Además de visi­tar las cabañas, hay gente disfraza­da al uso y los visitantes pueden participar en diversas actividades como moler grano con piedras, asar tortitas, cortar troncos o remar en un tronco hueco. Es muy entre­tenido y los chicos se lo pasan fe­nomenal.

 

 

   

Lejre. Campamento vikingo

 

Remando, que es gerundio

 

    En Hillerod, a 45 km. de Lejre, bajo uno de los pocos aguaceros que pade­cimos en Dinamarca, nos espera­ba el espectacular castillo renacen­tista de Frederiksborg, residencia del rey Christian IV.

 

 

   

Frederiksborg

 

Vista aérea

 

    Después, nos acercamos a Helsingor para ver el castillo de Kronborg, famoso por ser el lugar en el que Shakespeare sitúa la acción de "Hamlet''. La po­blación también es conocida por ser punto de partida de los ferries a Suecia, cuya orilla se ve perfec­tamente... cuando no llueve. Co­mo diluviaba, se nos fastidió la vi­sita y el paseo por el pueblo. A modo de consuelo, dimos una vuelta en coche.

 

 

Helsingor

 

 

EL PARQUE DE ATRACCIONES MÁS ANTIGUO DEL MUNDO…

 

     El día acabó en el parque de atracciones Bakken, el más anti­guo del mundo, con cuatrocientos años a sus espaldas. Así lo anun­cian, pero que nadie espere en­contrar otra cosa que un conjunto de atracciones típicas de cualquier feria. También ofrecen un bono ilimitado, como en el Tívoli. El día lluvioso le restó ambiente y en­canto, pero estuvo muy bien para terminar el día. ¡A Miguel, nuestro hijo, le encantó!.. No se paga entrada, pero el parking cuesta casi setecientas pe­setas. Está en Klampenborg, en un bosque frondoso en el que pasean los ciervos, muy cerca del cam­ping. www.bakken.dk

 

 


 

 

DE VUELTA A COPENHAGUE…

 

    El viernes regresamos a Co­penhague. A primera hora toma­mos el autobús número 30, en la plaza del ayuntamiento, con desti­no a Dragor, un pueblecito de pes­cadores situado a 10 Km de la ca­pital. Aunque las guías lo descri­ben con entusiasmo, tampoco es para tanto. Quizá lo más llamativo y bonito del pueblo es que las ca­sitas están pintadas de amarillo. Nos divertimos más con un cisne que encontramos en el puerto y que comía de la mano, algo poco habitual entre sus congéneres, da­do su proverbial mal genio. La ex­cursión nos llevó un par de horas.

 

 

Dragor

 

     De regreso a la capital, visita­mos más museos, aprovechando la “Copenhagen Card”. Empezamos por la Ny Carlsberg Glyptotek, en el bulevar H.C. Andersen, cuyo vestí­bulo-invernadero es impresionan­te. Expone importantes coleccio­nes de arte griego, romano, etrus­co y egipcio, además de esculturas y pintura impresionista.

 

    A conti­nuación, entramos en el museo de cera, en el mismo Tívoli. Es pe­queñito y se ve en poco tiempo. El más original es el "Ripley's Believe it or not», dedicado a toda clase de artilugios y hechos insólitos e in­creíbles. Otro museo atractivo pa­ra toda la familia es el de los ré­cords del libro Guinness.

 

    Stroget es el nombre de la calle peatonal más larga del mundo, pues presume de tener más de dos kilómetros de longitud, aunque realmente esté compuesta por cinco buleva­res diferentes. Es la calle comercial por antonomasia, muy animada por la tremenda cantidad de turis­tas y lugareños que la transitan. Hay restaurantes de todo tipo, chi­ringuitos de comida rápida y mon­tones de heladerías donde sirven unos cucuruchos enormes, deco­rados con golosinas y dulces. Viendo aquello, no es de extrañar que, curiosamente, Escandinavia sea la mayor consumidora de he­lados de Europa…

 

 

   

Copenhague desde la Rundetarn

 

La Rundetarn

 

 

 

   

Copenhague. Palacio de Amalienborg

 

En Copenhague

 

 

RECORRIENDO LA ISLA DE SELANDIA.

 

    El sábado teníamos previsto recorrer el centro y sur de la isla de Selandia. Nos esperaba la en­cantadora ciudad de Koge, a 60 km de Copenhague. Posee más de trescientos edificios de época per­tenecientes al Patrimonio Nacio­nal, entre ellos, la que dicen que es la casa más antigua de Dina­marca (data del año 1527). No os dejéis a Koge en el tintero. Sería una pena.

 

 

 

Koge. La casa más antigua de Dinamarca

 

 

    En Ringsted, visitamos Fantasy World, un mundo de fantasía con distintas escenas ambientadas con muñecos que cantan y se mueven. Una hora basta para verlo con tranquilidad y gustará a los más pequeños. www.ringsted-soro.city-map.dk/02010101

 

    Viajar con un niño de doce años ayuda mucho a hacer “la ruta de los parques de atracciones” así que se pueda. En consecuencia el día prosiguió en el parque de atracciones Bon Bon Land, en Naestved. Es pequeñito, simpáti­co, de ambiente muy familiar y con muchas atracciones a base de peda­les, cosa nada rara en un país en el que los niños nacen montados en una bici...

 

 

   

Bon Bon Land

 

Remojón...

    La web del Bon Bon Land es la siguiente...

http://www.visitnaestved.com/international/en-gb/Menu/turist/oplevelser/attraktioner/produktside.htm?id=3486&CallerUrl=/international/en-gb/Menu/turist/oplevelser/attraktioner/attraktioner.htm

 

    Pertenece a una marca de ca­ramelos y golosinas danesa, por eso, una de las atracciones consis­te en fabricar tu propio pirulí de caramelo con el palito que te dan al entrar. El precio, por día completo, fue de 2.200 pesetas, tanto para adultos como para niños.

 

    Terminamos el día en la diminuta is­la de Mon, situada a 180 km de Co­penhague, contemplando los es­pectaculares acantilados blancos -Mons Klint-, que esos sí lo son de verdad. Lástima que ya caía la tar­de y no pudimos dedicarle todo el tiem­po que el lugar merecía. Especial­mente después de bajar la intermi­nable y empinada escalera de madera -de 497 escalones-, que lleva a la playa desde lo alto de los acantilados. Si bajar se hace eter­no, subir es todo un suplicio para las piernas.

 

 

Mons Klint y la escalera "asesina"

    Los da­neses, precavidos ellos, han colo­cado bancos a lo largo de la esca­lera para darse un respiro de vez en cuando. En cualquier caso, la belleza agreste del paraje compen­sa sobradamente el esfuerzo y, co­mo no hay mal que por bien no venga, al atardecer, la playa estaba solitaria y mucho más atractiva. Si hay suerte, incluso es posible en­contrar trozos de ámbar desperdi­gados por la arena…

 

 

RECORRIENDO LOS ORÍGENES DE DINAMARCA COMO NACIÓN.

 

    El domingo iniciábamos el re­greso, pues Copenhague era el punto más alejado de todo el via­je. Nuestro destino era Vejle, en la península de Jutlandia. Elegimos esa ciudad como base de opera­ciones por su situación central de los lugares a visitar.

 

    El cam­ping de Vejle es municipal, bien equipado y económico. Viniendo del sur o del este y, una vez cruza­do el puente del fiordo, se toma la inmediata salida de la autopista que desemboca en una avenida de doble sentido. Girando a la iz­quierda, enseguida veréis la señal de camping. La recepción cierra a las diez de la noche. El recepcio­nista habla un poco nuestro idio­ma y, como a otros daneses, le sor­prendió bastante que les visitaran españoles. Se ve que nos prodiga­mos poco por aquellos lares. En Copenhague, hemos oído bastante hablar español, pero, fuera de la capital, solamente en Lejre y en Le­goland hemos encontrado compa­triotas.

 

    A las doce de la mañana, nos fuimos a la localidad de Jelling, fa­mosa por las piedras rúnicas en cuyas inscripciones se menciona la palabra Dinamarca por vez pri­mera. Los daneses las consideran su acta de nacimiento como na­ción y las tienen rodeadas por un regimiento de banderas. Si los he­lados les chiflan, la bandera nacio­nal también. Se ve por todas par­tes, incluso en los jardines de los chalés.

 

 

La piedra rúnica de Jelling

 

 

EN EL PRIMER PARQUE “LEGOLAND”

 

    El resto del día lo pasamos en el parque de atracciones “Lego­land”, en Billund. Es el más famoso de Dinamarca y pertenece a la marca de juguetes de construc­ción Lego. Es muy bonito e ideal para los niños de hasta 12 años. A los más mayores quizá les parezca un poco soso porque las atraccio­nes son bastante suaves. www.legoland.dk/en/Plan/

 

 

   

Entrada al Legoland

 

"Lego" del siglo pasado...

    Nota actual: En aquel momento el par­que ofrecía la posibilidad de visi­tarlo gratuitamente a partir de una determinada hora de la tarde (a partir de las 18:30 horas, hasta fi­nal de agosto). Se disponía de trein­ta minutos para montar en alguna atracción y, después, de otro par de horas más para recorrer el re­cinto, ver el Miniland -reproduc­ciones de casas y paisajes fabrica­dos con las piezas de Lego-, las exposiciones, etc. Era una opción muy interesante para quien sólo quisiera darse una vuelta sin dedicarle ni demasiado tiempo, ni dinero. Lástima que actualmente ese sistema ya no funcione…

 

 

EL “GAMMLE BY” Y LA REGIÓN DE LOS LAGOS.

 

    Al día siguiente, visitamos Den Gammle By (El Pueblo Antiguo), www.dengamleby.dk/english.htm la principal atracción de Aarhus. Es el museo danés al aire libre más conocido y completo. Reúne más de setenta preciosas casas anti­guas, interiormente ambientadas al estilo decimonónico. Es una de las citas imprescindibles del viaje. La visita nos llevó tres horas y me­dia. Aceptan Visa.

 

 

Aarhus. Den Gammle By

 

    Aarhus es la segunda ciudad del país. Al no ser muy atractiva, no nos entretuvimos demasiado en ella y nos dirigimos a la cerca­na Región de los Lagos, donde es­tá la montaña más alta de Dina­marca -Himmelbjerget- con 147 "escalofriantes" metros de altitud. Desde lo alto, se divisa uno de los muchos lagos de la zona. Lástima que llovía y llovía. Decidimos vol­ver a Legoland y aprovechar el tiempo gratuito para rematar algu­nos flecos que nos quedaron pen­dientes del día anterior. Afortuna­damente, dejó de llover y pudimos disfrutarlo con calma.

 

 

   

La región de los lagos

 

Himmelbjerget

 

 

LA FORTALEZA VIKINGA Y “LA PUNTA” DE DINAMARCA.

 

    El miércoles estaba previsto vi­sitar el sur de Dinamarca, pero el anuncio de lluvias nos hizo cam­biar los planes y cubrir los 270 km hasta Skagen/Grenen, en la punta norte. Fue un acierto porque hizo un día estupendo. La punta es una lengua de arena en cuyo extremo se juntan el Mar del Norte y el Bál­tico. Las olas de ambos mares, al chocar, levantan crestas de espu­ma. Dicen que puedes tener un pie en cada mar. Se llega hasta el faro con el coche para luego reco­rrer un trecho de arena, quizás un kilómetro, hasta la misma punta. Nosotros preferimos tomar una especie de tranvía playero remolca­do por un tractor. Los billetes nos costaron 40 DKK en total (920 pe­setas, aproximadamente).

 

    Camino de Skagen, nos detuvi­mos en Hobro para visitar el con­junto de fortaleza y granja vikinga de Fyrkat. Estas construcciones eran circulares, con un terraplén a modo de muralla y dieciséis casas en su interior, de las que sólo se se­ñala el perímetro, aunque una de ellas se ha reconstruido extramu­ros. En la granja, hay varios edifi­cios y personas vestidas a la usan­za que ofrecen distintas activida­des al visitante. www.vikingdenmark.com/fyrkat-viking-fortress-hobro-denmark.html

 

 

   

Fyrkat. Casa Vikinga

 

Fyrkat. Junto a vikingos de opereta

 

   

 

   

Fyr..."kat".

 

Fyrkat. La fortaleza vikinga

 

     En Aalborg, ciudad norteña, paseamos y vimos algunos de sus edificios más so­bresalientes y la catedral de St. Bu­dolfi, blanca y con la cúpula bul­bosa. A las afueras, en Norre­sundby, se encuentra Lindholm Hoje, el mayor cementerio vikingo con más de setecientas tumbas. Unas forman círculos hechos con piedras, las de las mujeres, y otras tienen forma de barco, las de los hombres. La entrada es gratuita.

 

 

   

Aalborg. Catedral de St.Budolfi

 

Lindholm Hoje

 

 

EL MUSEO VIKINGO DE RIBE.

 

    Y llegó el último día de estan­cia en Dinamarca. Como lo que quedaba por ver estaba en el sur, nos trasladamos al camping de Lundtoft, muy cerca ya de la fron­tera alemana. Es un poco cutre y caro para lo que ofrece.

 

 

Camping de Lundtoft

    Ribe, la ciudad más antigua del país, con su casco antiguo excelentemente conservado y con dos interesantes atracciones para visitar, el Museo y el Centro Vikingo, es otro de los hi­tos del viaje.

 

 

   

Ribe. La catedral.

 

Ribe. La calle mayor.

    El Museo Vikingo, el más com­pleto de los existentes en el país, expone multitud de objetos de la época vikinga y medieval, además de una reconstrucción de un mer­cado del año 800, fecha de la fun­dación de Ribe.

 

    El Centro Vikingo es una recreación de la vida de aquella civilización. Hay una gran­ja con ganado, una mansión amue­blada -con la lumbre encendida para poder experimentar el am­biente y la humareda que se respiraba en el interior- una exhibi­ción de aves rapaces y un mercado en el que no se puede comprar na­da. También se puede tirar al arco, pagando diez coronas por cinco flechas, fabricar tornillos de made­ra, hacer tortitas de pan y, con suerte, coincidir con la estupenda sopa de carne y verduras que pre­paran para comer. El abundante personal viste a la usanza. Calcu­lad un mínimo de tres horas para la visita.

 

 

   

A la rica tortita...

 

"Robin Hood" a la vikinga...

La web del museo está traducida al español.

http://www.ribevikingecenter.dk/Default.aspx?ID=766

 

    Ribe dispone de un aparca­miento para caravanas y autocara­vanas a las afueras del casco anti­guo, en el que se permite la estan­cia durante cuarenta y ocho horas como máximo. Es la única ciudad danesa don­de lo hemos visto. Está en la carre­tera a Tonder.

 

    Tonder, situado a 40 km al sur, es atractivo, aunque mucho menos que Ribe. Cuando llegamos, el comercio ya estaba cerrado y parecía un pueblo fan­tasma. La última localidad danesa que visitamos fue Mogeltonder, a cinco kilómetros de la anterior, cu­yo principal interés es la calle Slotsgade, empedrada y con casas de tejado de paja.

 

 

Casa con tejado de paja en Mogeltonder

 

TIERRAS HANSEÁTICAS ALEMANAS: LÜBECK Y HAMBURGO.

 

   Con el jueves 1 de septiembre, llegó el adiós a Dinamarca. Pusi­mos rumbo a Hamburgo con in­tención de acampar en el camping municipal que se menciona en la guía de camping. Desde la auto­pista A-7 había que tomar la salida Hamburg-Stellingen y girar a la iz­quierda en el primer semáforo. No nos sorprendió encontrar la indi­cación de camping..., pero sí que fuera a la derecha. Decidimos se­guir la señal y a unos quinientos metros allí estaba, pero no era el municipal, sino otro llamado “Buchholz”.

 

   Como nos daba igual uno que otro, nos quedamos. El “Bucholz” es un camping muy pequeño -tiene capacidad para treinta pla­zas-, y sólo quedaba una libre. Aunque aparentemente el cam­ping está bien, en realidad es dig­no del museo de los horrores. El único fregadero es impresentable, hay que pagar aparte el agua ca­liente, sólo dispone de una caja de enchufes para cada lado del cam­ping lo que obliga a tener, por lo menos, cincuenta metros de cable por si te tocan las plazas de los extremos, y, por si fuera poco, es caro. Su único atractivo es que está en el mismo Hamburgo. Vamos, que porque no quisimos perder tiempo buscando otro mejor, que si no…

 

    A unos siete Kilómetros, hay otro camping con mucha mejor pinta y que vimos después. Sin embargo, al pretender ir al centro en trans­porte público, decidimos quedar­nos en el Buchholz y hacer de tri­pas corazón. No obstante, en re­cepción nos dieron un plano de la ciudad e información sobre muse­os y tarjetas de transporte, que só­lo se venden en la Oficina de Tu­rismo y en la Estación Central, co­sa muy poco práctica. Posiblemente hoy día la cosa haya mejorado bastante.

 

    Una vez instalados en el “casti­llo del terror” nos fuimos a la ciu­dad hanseática de Lübeck, cuyo casco antiguo es una verdadera maravilla. Por cierto, enlazar des­de el camping con la autopista a Lübeck es engorroso, ya que, se precisa cruzar el centro urbano, así que, ánimo y paciencia que Lü­beck lo vale. La colección de edifi­cios medievales es impresionante, empezando por la Holstentor y terminando por la plaza del ayun­tamiento. No os la perdáis. A la vuelta, por curiosidad, buscamos el misterioso camping municipal y resulta que también había cerrado como el de Aquisgrán. No puede decirse que hayamos tenido mu­cha suerte con los campings ale­manes...

 

 

   

Lübeck. Rathaus

 

Lübeck. Holstentor

    Nota: Lübeck es una maravilla, es cierto, pero no es la única ciudad de arquitectura hanseática que merezca la pena en la zona. Si quieres saber más sobre ello, pincha en este enlace al viaje que hicimos a Berlín y al norte de Alemania.

 

    Al día siguiente, Hamburgo nos esperaba. Al final, decidimos pasar del transporte público y acu­dir al centro de la capital en coche. A fin de cuentas, lo que hay que ver está muy junto, excepto los al­macenes portuarios y la Reeperbahn, “la calle del pecado”, así que tampoco vimos mucha necesidad de utilizar el bus. Hamburgo es una ciu­dad muy elegante. Es agradable pasear por la avenida Jungsferstieg con sus selectos comercios junto al la­go Alster. Muy cerca hay una extensa red de galerías comerciales muy animadas y bonitas. Recorrer el centro puede llevar toda la ma­ñana.

 

 

   

Hamburgo

 

Ayuntamiento

    Uno de los reclamos de la ciudad es el “Speichestadt”, un con­junto de edificios de ladrillo rojo que albergaban los antiguos almace­nes del puerto. Puesto que están algo alejados del centro comercial de la ciudad, en una zona fea y bastante solitaria, creemos que es preferible desplazarse en coche y evitarse la larga caminata. Des­pués, podéis acercaros a la mun­dialmente famosa Reeperbahn, rebosante de lo­cales “porno” cines, cafeterías, sex­shops, etc.

 

 

   

Hamburgo. Speichestadt.

 

La Reeperbahn

    Tras la comida en uno de los mil chiringuitos de salchichas y, ya cansados de dar vueltas, pusi­mos rumbo a la encantadora ciu­dad medieval de Lüneburg, situada a cincuenta kilómetros por autopista. Sus fachadas de gabletes con macizos de flores son preciosas. Es una visita del todo recomendable, lástima de no haberle podido dedicar más tiempo.

 

 

Y DE REGRESO, HICIMOS UN ALTO EN MONS (Bélgica)

 

    El sábado era día de ruta. Pernoctamos en  Péronne, en el norte de Francia, en la zona del Somme, pero antes hici­mos una breve parada en la ciudad belga de Mons, que se nos había quedado pendiente durante las vacaciones del año anterior en Bélgica.

 

   Como nuestra caravana Krause era pequeña, tuvimos la fortuna de poder aparcar en plena calle. Vimos la Colegia­ta románica de Ste. Waudru y en la plaza del ayuntamiento coincidimos con una fiesta floral. Allí estaban Lucky Luke y otros personajes de cómic, hechos con flores. ¡Por algo estábamos en el país del cómic por excelencia!.

 

 

Fiesta floral en Mons

   Dimos cuenta del típico cucurucho de “frites” -las patatas fritas son una tradición en Bélgica- y de paso nos compramos un gran pastel de albaricoque. La re­postería belga es tan excelente co­mo asequible su precio.

 

    Acampamos en el camping “Port de Plaisance” de Pé­ronne. Después del camping de Hamburgo, necesitábamos algo así. Es agradable, está recién reno­vado y es barato. La recepción cie­rra a las nueve de la noche y no aceptan tarjetas de crédito.

 

 

LA REGIÓN FRANCESA DE CORRÈZE Y EL QUERCY COMO EPÍLOGO.

 

    El domingo estaba previsto lle­gar a la región de Corrèze, a unos 650 km de distancia. Cruzamos Pa­rís sin demasiados contratiempos. Pasado Orléans, decidimos probar la carretera hasta Vierzon, en lugar de la autopista. Es casi una recta y sólo se cruzan cuatro pueblos. Si no hay mucha prisa, puede ser una alternativa más atractiva que la monótona autopista.

 

    El ahorro en peaje es de unos 64 FF (unas 1.600 pesetas). Lo que sí es muy recomendable, si se va por carre­tera, es rodear Orléans por auto­pista y volver a la carretera des­pués de haber rebasado la ciudad. Pasado Cháteauroux, nos acerca­mos al pueblecito de Gargilesse-­Dampierre, otra de las localidades incluidas en la Asociación de los Pueblos más Bonitos de Francia, en la ni están todos lo que son, ni son todos los que están. Su vecina más famosa fue Georges Sand, la amante de Chopin, que iba allí a escribir. Es bonito, pero no espec­tacular, Los alrededores son bas­tante más sugerentes.

 

 

Gargilesse-Dampierre

    Acampamos en el camping de Lissac sur Couze, a unos kilóme­tros al oeste de Brive la Gaillarde. A pesar de ser un “tres estrellas”, no hace honor a tal distinción. Mu­cha barrera automática, pero los aseos son deprimentes. La recep­ción cierra a las siete de la tarde; fuera de esa hora, los dueños es­tán en la casa. Lo mejor es su si­tuación, con buenas vistas al lago. En la zona, hay otros campings y no tendréis ningún problema para acampar en uno mejor.

 

    Al sur de Brive, hay un impor­tante conjunto de pueblecitos muy atractivos, muchos de ellos inte­grantes también de la “Asociación de los pueblos más bonitos de Francia”. Para descansar de tanto y tanto ki­lómetro seguido, dedicamos la jor­nada a recorrer la zona. Lástima que el buen tiempo, que nos había acompañado a lo largo del viaje, nos abandonó irremediablemente. La tormenta de la noche anterior no presagiaba nada bueno y el día se levantó cubierto y lluvioso.

 

ROCAMADOUR Y LA GOUFFRE DE PADIRAC

     Nuestra primera parada fue en la encantadora Rocamadour. El pue­blo medieval, el santuario y el cas­tillo están colgados de un acantila­do y desde el pueblo de L'Hospi­talet, situado enfrente, se tiene una inmejorable vista del conjunto. Es el segundo lugar de peregrinación de Francia, después de Lourdes. Ofrece una variada oferta de acti­vidades turísticas para todos los gustos, así como una tarjeta con descuentos para todas las atraccio­nes. En Rocamadour, sólo estuvi­mos en “La Fóret des Singes” y lo pa­samos en grande. Es un pequeño parque con un regimiento de mo­nos de Marruecos, o de Gibraltar, que pasean libremente por él y co­men de la mano las palomitas de maíz que te dan en la entrada. Una hora es suficiente para divertirse viendo hacer monadas. ¡Sorprende observar qué reacciones tan simi­lares tienen a las nuestras!. Una visita genial si se viaja con chavales, como era nuestro caso.

 

 

   

Rocamadour

 

La Fôret des Singes. Busca, busca...

   Paramos también en la espectacular “Gouffre de Padirac”, una sima de setenta y cinco metros de profundidad, con un enorme agujero en la superficie. Se baja en ascensor y un tramo a pie para acceder a unas cuevas estalagmíticas, junto a un lago subterrá­neo. Cuando llegamos al medio­día, la taquilla estaba cerrada, y, cuando volvimos, habían suspen­dido las visitas debido al aguacero, así que, nos quedamos con las ga­nas. Nos consolamos con la im­presionante visión de la sima des­de arriba. Nota: La hemos visitado posteriormente, en el viaje a los fiordos, y os aseguramos que vale la pena verla. De verdad.  

 

La sima de la Gouffre de Padirac

 

   

 

El interior de la Gouffre de Padirac

 

Hicimos la ruta de los pueblos medie­vales de Loubressac, St. Ceré, Autoire -con su cascada-, Carennac, Curemont, Collonges La Rouge y sus edificios de arenisca roja y to­rretas puntiagudas y, por último, Turenne.

 

 

   

Collonges la Rouge

 

Autoire

    Un compañero de viaje excelente ha sido el “Mapa-libretón” de Francia, de Michelín, a escala 1:200,000. Es muy detallado y muy útil si se van a transitar las carrete­ras secundarias de los vecinos del norte. Se vende en España. Puede que hoy en día, con la popularización del GPS, pensemos que los mapas de papel hayan pasado a mejor vida, pero nada de eso…

 

 

Y LLEGAMOS A CASA.

 

    Y, poco a poco, llegó lo que tenía que llegar. El martes 7 de septiembre colgábamos el carteli­to de «The end” a este fascinante viaje de 7.984 kilómetros, al cubrir la última etapa de 807 km desde Lissac hasta Valladolid, que trans­currió sin novedad y con el pen­samiento puesto ya en las próximas vacaciones que esperamos nos lleven a los espectaculares fiordos noruegos. Ojalá que el en­tusiasmo que Escandinavia ha despertado en nosotros os conta­gie también y los daneses dejen de sorprenderse cuando les visite­mos de nuevo. ¡Buen viaje!­

 

 

 

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